Bueno, pues esta es la crónica que he preparado para el foro de carreraspopulares.com, y para la página de mi club. Es larga, pero es la que hay, podría contar menos, pero creo que hay que hacerle los honores a esta carrera.
En cualquier caso, quiero expresar de agradeceros de nuevo a todos vuestro apoyo, y agradecer una vez más al club Peña Torquilla y a Gamero la organización de esta maratón. Ahí va.
CRÓNICA DEL MARATÓN ALPINO DEL FRAILE
2 de octubre, Santibáñez de la Peña (Palencia)
Ayer 2 de octubre, organizada por el Club de Montaña Peña Torquilla (http://www.penatorquilla.es.vg/), de Guardo (Palencia), y con el asesoramiento de Eladio Lantada (Gamero), se disputó en los alrededores de Santibáñez de la Peña (Palencia) la primera edición del Maratón Alpino del Fraile.
Esta maratón parte desde el Santuario del Brezo, en las cercanías de Villafría de la Peña, y ofrece la posibilidad de disputar un Cross de 25 kilómetros o la maratón completa, incluyendo ambas la ascensión a la Peña del Fraile, a 2004 metros. Se trata de una maratón de extrema dureza, con más de 2.900 metros de desnivel ascendente (y otro tanto descendente, claro), y estoy seguro de que es la maratón más dura de España; baste decir que el ganador empleó más de 5 horas, y eso que las condiciones meteorológicas no fueron ni mucho menos las peores que se podían producir.
El día previo a la carrera se entregaron los dorsales en el Santuario del Brezo y me encontré con algunos amigos de estas carreras, Javi, de carreraspopulares.com, algunos otros más, y Eladio, el organizador de la carrera. Antes de acudir a la charla técnica, nos asomamos al interior del Santuario y al preguntarle al cura por unas inscripciones en una vidriera, nos explicó toda la historia del santuario, pero toda, oiga, media hora de explicación, bien contada, y acabamos todo el grupito que estábamos dentro del santuario rezando juntos con el cura y todo, lo que no me había pasado nunca en ninguna carrera. Más teníamos que haber rezado, si hubiéramos sabido lo que teníamos para el domingo…
Después de esta experiencia religiosa, acudimos a la charla técnica, donde se nos explicó, kilómetro a kilómetro, cual iba a ser el recorrido, saludé a otros corredores del foro de elatleta.com, y nos fuimos para nuestros respectivos alojamientos; a este respecto, señalar que me quedé en el Hotel Montaña Palentina, de Guardo; todo facilidades, me dejaron ducharme a las 6 de la tarde, sin tener que pagar un día más.
Al día siguiente la salida era a las 8:30, así que me fui temprano al Santuario, calenté un poco por la zona de salida, eché la cámara a la riñonera, me coloqué el cortavientos porque hacía fresco (y eso que sólo estábamos a 1450 metros), y pasé el control de dorsales previo a la salida. Allí todos los corredores (creo que unos 80 entre los inscritos al Cross y a la maratón) terminamos el calentamiento pegando botes a ritmo de Siniestro Total, y arrancamos a correr por la cuesta arriba (fue la única cuesta por la que corrimos todos).
Ya desde el principio hubo corredores inscritos en la maratón que decidieron completar sólo el cross, decisión que adoptaron otros al ver la que se venía encima. Entre berridos de los venados, a lo largo de los 10 primeros kilómetros encontramos varias cuestas, aunque la dificultad más clara fue el Collado de Canto Negro, en el PK 8, desde el que se bajaba hasta el PK 13. Hay que señalar que estas bajadas no eran en absoluto tramos en los que correr con rapidez, pues prácticamente toda la carrera fue campo a través; nada de asfalto, y muy pocos tramos de caminos o pistas.
Tras el descenso hasta aproximadamente 1200 metros de altitud, iniciamos la que a priori era la subida más fuerte de la carrera, el ascenso a Peña Mayor (1836 m.), donde estaba el único tramo que precisaba de subir por cuerdas. En esa subida dejé atrás a varios corredores, pero empecé a sentir algo de hambre; comí lo que llevaba en la riñonera, hice alguna foto y seguí por la cresta hacia la Peña del Fraile; por supuesto, hacía ya rato que la tierra había desaparecido y la carrera ya discurría por piedra. Desde la cresta la vista era espectacular, a la derecha la inmensa llanura cultivada de Tierra de Campos, y a la izquierda la mole del Espigüete, con sus dos mil y muchos metros de altura.
A lo largo de la cresta ví a varios corredores, a los que conseguí alcanzar en el avituallamiento de la cumbre del Fraile (PK 18), y desde allí iniciamos el descenso juntos; en este tramo nos alcanzó otro corredor, José Manuel, y corriendo en algunos tramos llegamos hasta la meta del Cross, en el PK 25, con un tiempo aproximado de 4h35’, por debajo del tope situado en 5 horas. Allí alcanzamos a otro corredor y nos dijeron que habían abandonado muchos de los inscritos para la maratón; no obstante, ya que había ido a por la maratón, no estaba dispuesto a quedarme en el Cross, de modo que, aunque el grupo de 5 corredores se redujo a José Manuel y yo, después de comer bien en el avituallamiento, dejar el cortavientos y la camiseta técnica, y poner vaselina en los pies, arrancamos de nuevo, llevando cerca a un par de corredores de Orense que decían “Esperad, esperad”; sí, sí, como para esperar estaba la cosa…
Inmediatamente después del Santuario se iniciaba la subida a la Peña de la Cruz, con 1708 metros, todo por piedra; esta subida no resultó demasiado dura, comparado con lo que llevábamos, claro, pero sí resultó cansina la bajada hasta el Valle de Boltur, a 1250 metros, en el PK 29. Allí había otro avituallamiento donde comimos e hice las últimas fotos de la carrera; desde allí, se complicó de tal modo la carrera que ni ganas me entraron de hacer más fotos.
Esta complicación se inició con la subida a los Castros Negros, probablemente la cuesta más dura de toda la carrera, hasta 1793 metros, durísima, se veía a lo lejos a 3 corredores, y en algún momento pensé que tal vez podríamos atraparlos, pero al llegar a la cumbre me dí cuenta de que, salvo problemas físicos, sería imposible, y que bastante tendríamos con acabar bien la carrera. Como muestra de la magnificencia del paisaje, baste señalar que desde la primera cima de los Castros Negros, se podía ver a lo lejos la silueta de Navacerrada y la Sierra de Madrid.
Pero bueno, a lo que vamos; al llegar a la primera cima, nos dijeron que tuviésemos mucho cuidado con el viento, pues al final de la cresta soplaba con mucha fuerza y podía tirarnos; como lo principal es salir bien, recorrimos toda la cresta protegiéndonos un poco por la cara este de la montaña, avanzando agachados por los tramos más expuestos para garantizar más seguridad. Aún así, soplaba con mucha fuerza y tuvimos que extremar la precaución, pero conseguimos pasar la segunda cima e iniciamos el descenso hacia el Collado de Miranda, a 1611 metros.
A esas alturas de carrera estábamos por el PK 32, y desde allí iniciamos un nuevo ascenso en busca del nuevo avituallamiento sólido; más cuestas, ascendiendo hasta el Cueto Palomo, a aproximadamente 1900 metros, y más o menos entonces vimos que a nuestra derecha, al otro lado del valle, sobre la cima del Curavacas, una de las montañas más altas de Palencia, estaba cubierta por una sospechosa nube blanca, y que tenía pinta de que estuviese nevando allí. Como no se veía bien y tampoco iba la cosa como para hacer muchas fotos, seguimos para adelante en dirección oeste, ya por algunos tramos de cortafuegos, y tras un nuevo avituallamiento subimos por un cortafuegos im-po-si-ble a la Rinconada, a 1843 metros de altura y a 5 o 6 kilómetros de meta; desde ese tramo de carrera se podían ver incluso los Picos de Europa y en cuanto se movió un poco la nube del Curavacas, pudimos ver que efectivamente ya habían caído las primeras nieves de la temporada sobre él.
Después de coger agua en el avituallamiento de la Rinconada, acometimos un fuerte descenso, que se fue suavizando, y recorrimos un tramo con varios toboganes; ya era mucho más fácil avanzar y en algunos tramos se podía incluso correr, despacio y con cuidado, pero se podía correr, de modo que algún kilómetro debimos hacerlo en torno a 9 o 10 minutos. Para entonces ya hacía rato que habían aparecido las molestias en la pierna derecha y en la planta del pie derecho, pero eso ya no importaba; estando tan cerca de meta, había que llegar, y punto.
Así, fueron cayendo los últimos kilómetros, pasamos el 41 y tras un giro a la izquierda vimos la última sorpresa que los organizadores nos habían preparado: Un cortafuegos terrible de piedra suelta y terriblemente pindio (inclinado, en castellano de Palencia); ya nos habían advertido que allí había que ser extremadamente cuidadoso y que a nadie se le ocurriese correr por allí, pero esa advertencia era innecesaria: allí no sólo no se podía correr, sino que tampoco se podía andar; había que poner los pies y controlar el derrape para no bajar demasiado y evitar caerse.
Tras arrastrar el culo un par de veces, conseguí bajar el cortafuegos y enfilé el sendero que llevaba al Santuario. Todavía faltaban como 800 metros y ya estaba solo: el otro corredor iba ya como a un minuto y no estaba dispuesto a que me pegara un nuevo pinchazo y tener que llegar andando, de modo que continué corriendo sin cebarme, pasé la Fuente del Brezo e inicié la última bajada hacia la meta; esta es sin duda la carrera en la que más ganas he tenido de ver la meta, y sin duda es la carrera en la que más he sentido que acabarla era un privilegio.
Decir que aquello era emocionante, es tontería. La gente aplaudiendo, la sensación de haber conseguido superar la máxima dureza, el apoyo de los otros corredores y del público… impresionante. Tras cruzar la meta, me hice la foto de rigor y entré en la sala donde había sido la charla técnica del día anterior. Allí me apreté un par de vasos de sopa, varias tapas de morcilla (porque yo lo valgo, y a los talibanes que les den pasta cocida), y me fui a donde los masajes, donde me recuperaron un poco y tuvieron que pegarme un buen tute para que entrara en calor, que me estaba quedando helado allí.
Después del masaje, y vista la hora que era, ya no quedaba más que despedirse de los amigos y saludar a los últimos corredores y tirar para el hotel en busca de la ducha, esperando volver de nuevo a correr esta magnífica carrera.
En cuanto al tiempo y el puesto, marqué 8h47’05” y acabé en el puesto 33; puede parecer una barbaridad, pero es que el vencedor empleó más de 5 horas en acabar, y comparando con otros corredores de nivel contrastado, en modo alguno se trata de un mal tiempo. De todos modos, aunque hubiese hecho mucho más y hubiese llegado el último, me habría dado igual; esta carrera es una bestialidad, y acabarla es todo un éxito; para mí, y creo que para todos los que estuvimos allí, se trata indudablemente de la maratón más dura de España.



Prudencio Berrocal.