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La crónica de Cañorroto
Muchas
gracias a todos por vuestro interés, vuestros mensajes en el foro,
sms´s y por transmitir vuestros sentimientos.
Estos días he llorado en algunas ocasiones y no ha sido precisamente
por el dolor de las ampollas. Después de todo lo vivido, llegas a
casa, enchufas el foro y el mail y te encuentras con cantida de ánimos
y bonitas palabras. Eso no tiene precio.
Nos planteamos correr “Des Sables”, pero el presupuesto no daba como
para gastarse 3000 eurillos y Jberrioc se entero de la Trans-Aq que
tenía un precio bastante más reducido, 500 eurillos de na.
Tiramos palante con el único entrenamiento de los maratones que
hacíamos domingo tras domingo: Valencia, Castelldefells, Marina Alta,
Madrid, etc. Yo personalmente con unos resultados pésimos y unas
sensaciones nefastas, pero había que subir a Europa y probar como era
eso de correr en otro idioma.
Con algunos mensajes en el foro, algunos mails y alguna quedada, más
bien poco de todo nos fuimos poniendo de acuerdo. Lo importante era el
material obligatorio: brújula, silbato, espejo, lámpara, pilas de
repuesto y 2000 calorías diarias. Aquí no terminaba la cosa, había que
decidir la ropa, la higiene, el botiquín, etc. Todo un lío que al
final no fue para tanto.
Llegamos al campamento y fuimos mirados de reojo. Pues sí, ahí
estábamos los Alfredo Landa, Paco Martínez Soria y Ozores. Poco a poco
se fuero adaptando a nosotros y en pocos días aprendí que cañorroto se
traduciá por “Robinet Cassé” y ellos aprendieron a decir todo tipo de
tacos.
Al grano…
El espíritu de esta carrera esta en la orientación, en la
supervivencia y en la resistencia. Hasta el día anterior no conocíamos
la etapa del día siguiente y en algunos casos, unas horas antes. Si
además tienes la dificultad del idioma la cosa se complica un poco
más. El objetivo era ir siempre hacia el sur, pero pasando por los
controles y sin olvidarte que cada 15 kilómetros te daban una botella
de 1,5 litros de agua.
El paisaje siempre el mismo, por la costa atlántica, las dunas y los
pinares arenosos. No sabría decir que ha sido lo peor de todo, los
infinitos pinares rectilíneos llenos de arena y ondulados?, las playas
desiertas interminables?, las pastosas dunas?. La palabra “sables”
estaba en boca de todos y he llegado a odiar la arena.
Con tanta arena no sabría decir el porcentaje de carrera que he hecho
corriendo, puede que el 40%..
En el kilómetro 20 me hice la pregunta de siempre ¿qué coño hago yo
aquí? Y me dieron ganas de abandonar. En el 48 me di cuenta que la
cosa era más seria y unas graciosas ampollas me impidieron disfrutar
de casi todo. Pero el lunes ahí estábamos, como siempre, “los últimos”
y es que estos tíos si tienen programada la salida a las 8 la dan a
las 7:50, joe macho…eso no es puntualidad….y claro, la frase de todos
los días !!!españoles….!!!.
Al final de la segunda etapa una podóloga alemana me quiso abrir una
jodida ampolla en la planta del pie, yo le dije que no lo hiciera. Si
lo hubiera hecho el abandono era seguro.
La tercera etapa era de 62 km alternando bosque, playas y dunas. Es
curioso, pero al llegar a las cimas de las colinas te volvías a
encontrar toneladas de arena. Aquí rompía todos mis límites de tiempo
y distancia. Fuimos juntos Isabelle de Interflora y yo toda la
carrera, de vez en cuando se nos unía alguien que terminaba
desapareciendo. Gracias a esta chica termina con dignidad. Al llegar a
mi tienda no me podía mover, no me podía quitar la ropa, no podía
andar y necesitaba lavarme. La playa estaba a escasos 100 metros
llanos y aquello parecía infinito.
Habíamos llegado a la mitad y psicológicamente estaba todo acabado….y
una mierda....a mi me quedaban tres etapas como tres soles.
¿Abandonar por dolor?, de momento NO. Había que esperar a que
amaneciera, a que dieran nuevamente la salida y ver como me
encontraba, entonces decidiría. En mi cabeza había una cosa muy clara,
estaba muy jodido de las ampollas y cada día que pasaba iba a estar
peor, el mejor remedio para curarlas no era darme un palizón a correr
y a sudar, pero estaba preparado para todo y el sufrimiento formaba
parte de la preparación previa meses antes. Tan sólo una lesión me
haría parar.
La cuarta etapa era nocturna y con salida en la duna de Pyla. Una duna
de 115 metros de altura y 2,5km de longitud. Por una lado el mar y por
el otro un bosque de pinos para evitar que la arena penetre hacía el
interior. La salida fue cojonuda, todo lleno de televisiones, cámaras
de fotos y gente. Salí a toda ostía y cuando miré atrás tenía el
pelotón a 50 metros, ellos se iban descojonando pero yo quería hacer
una buena foto (al final salió movida). Correr por la duna fue
precioso, aquello parecía el desierto: huellas, corredores y arena.
Después pasamos a la playa y corrimos durante 6,5 km pegados al mar y
sin luna. Yo me pegué a Isabelle, la vi un poco floja y le debía el
favor de los 62 del día anterior. Estuvimos hasta las 3 de la mañana
corriendo y la pobre llego muy tocada. En esta aventura nos acompaño
Catherine, que aunque iba mejor que nosotros no quiso hacer vida
nocturna en solitario. Cerca de la meta nos perdimos y tuvimos que
tirar de brújula y mapa. Al llegar al campamento tan sólo el marido de
Catherine y la organización nos estaban esperando, el resto dormían
placidamente.
Sin tiempo para recuperarte dan la salida de la quinta etapa y otra
vez a correr. Esta vez voy mejor y me pego a Lucille que es una
corredora rápida, aguanto bien su ritmo y hago un carrerón
(casualidad).
La comida nos ha venido justa pero bien. La base principal estaba en
la merienda cena donde nos comíamos algún liofilizado a base de pasta.
En el desayuno un café y una chocolatina, durante la carrera barritas,
gel y almendras. Después de la carrera un sopistan y 50 gr de jamón
serrano, un flumil 600 y otro café. El caso era tener todo el día el
vaso en la mano y comiendo a cucharadas para que todo te alimentara
más y se hiciera más larga la sobremesa.
Cocinábamos con hornillo de gas. La mayoría de la gente llevaba
pastillas de alcohol o cortaba leña. Nuestros cacharros eran de
aluminio pero los de ellos tenían pinta de ser de titanio.
El penúltimo día estábamos todos tristes. Llevábamos una semana
buscando la meta y ahora que la teníamos a güevo nos poníamos a llorar
de pena porque la cosa se acababa. Curioso, curioso, curioso…
Para la última etapa no había libro de ruta. Consistía en correr por
la playa hasta que te encontraras algún arco de meta, que se suponía
estaba a 20 km. Quizás la etapa más dura de mi vida. Playa, playa y
playa y cada vez me sentía más lento. Es curioso pero quien fue mi
amigo casi todas las jornadas, aquí iba a ser mi enemigo. En la
clasificación por equipos íbamos delante de Interflora a 10 minutos,
pero con los dolores que llevaba yo encima, cualquiera me podía meter
un mundo. Y mira por donde era Isabelle la que me perseguía
peligrosamente. Valladolid me acompañó hasta el 12 y me iba dando
referencias ¡ a un minuto! ¡te mantienes! ¡no te pasa!. Pero en el 12
me quedé sólo y tenía por delante 8 largos kilómetros. El tiempo no
pasaba, las piernas no iban, no había casas, hoteles, nada de nada,
tan sólo algún que otro nudista. Yo no quería mirar atrás. Al final
apareció el arco y la honrilla hizo que la buena de Isabelle me
adelantará justo en la mete. “Felisitasió”, besos, abrazos, fotos y
alguna que otra lagrima.
Tengo montones de anécdotas y situaciones curiosas. Dejo amigos en
Francia y no sé si alguna vez los volveré a ver.
Mención especial a Patrick de Chamonix con el cual mantuve largas
conversaciones en espanisfrenchinglís
Mis compañeros han estado muy bien y me han tratado fenomenal. Gracias
chicos.
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