Viaje a la Alcarria (Guadalajara).

Por: Chema del Olmo

 

Más de trece horas encima de la bicicleta y 253 kilómetros de carretera nos han servido para disfrutar de la Alcarria, de nuestro deporte favorito, y para acercarnos un poco a ese maravilloso libro de viajes que en el mes de junio del lejano año de 1946 escribió Camilo José Cela.

 

En un principio nuestra idea era seguir fielmente el recorrido del Viaje a la Alcarria, luego, por diferentes razones, lo tuvimos que variar al salir de Sacedón donde hicimos noche, casualmente, en el Hostal Mariblanca, el mismo en el que durmió Cela en su segundo viaje.

 

El viaje transcurre entre el sábado 16 de mayo y el domingo 17. Primero nos dimos el madrugón para llegar a la estación de Vicálvaro desde donde el tren nos conduce a Guadalajara.

 

Tras un rápido y cómodo viaje llegamos a Guadalajara sobre las ocho y media de la mañana. No tenemos tiempo de calentar las piernas. Para empezar nos encontramos con la primera cuesta arriba, ya que la estación está en la parte baja de la ciudad por lo que no paramos de subir hasta que salimos de la capital alcarreña.

 

Salimos de Guadalajara por la Avenida de Aragón. Curiosamente la última imagen que tenemos de ella es una gigantesca bicicleta, en medio de una rotonda.

Casi sin darnos cuenta y tras pasar por encima de la Autovía, llegamos a Taracena. A la entrada de esta población y bajo un puente cogemos un camino, en buen estado, que a veces se confunde con la antigua nacional, que transcurre paralela a la autovía de Zaragoza por su margen derecho y que, tras pasar por Valdenoches, nos lleva hasta Torija que se alza en todo lo alto, con su Castillo que nos señala el recorrido. Desde Guadalajara a Torija no hemos parado de ascender durante 24 kilómetros, aunque se hacen cómodamente.

 

Nuestro siguiente objetivo es Brihuega y lo hacemos por la CM2011. Son 15 kilómetros prácticamente llanos, salvo los dos últimos que son en bajada. Brihuega, como ya dijera Cela, te la encuentras de golpe porque está en un hoyo. Bonita ciudad y muy animada a la hora que pasamos.

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Seguimos por la misma carretera y ya buscamos Masegoso de Tajuña que nos espera 21 kilómetros más adelante. Lo hacemos con el río a nuestra derecha y con preciosas caídas de agua a la izquierda que nos animan a poner el pie a tierra.

Así, por terreno llano y sombreado por los robles, llegamos a Masegoso una pequeña población, casi desierta, que nos invita a tomar unos mini-bocadillos de jamón, made in Cañorroto.

 

Después de reponer fuerzas, que ya hacía falta, nos dirigimos a Cifuentes, para muchos la auténtica capital de la Alcarria. Estamos a algo menos de nueve kilómetros, que se hacen un poco más complicados por los pequeños repechos que encontramos. Antes de llegar a Cifuentes, desde un alto de la carretera, ya se observa a lo lejos la Central Nuclear de Trillo y las Tetas de Viana.

 

Tras una breve parada para recrear la vista y llenar nuestras botellas de agua, salimos de la ciudad por la N 204 (las señalizaciones brillan por su ausencia). Nuestra cámaras no plasmaron ninguno de los monumentos que hay en la Ciudad, pero si algunas de las cuevas, reconvertidas en bares, que hay a la salida del pueblo.

 

Ahora buscamos Trillo de la que nos separan 12 kilómetros, aunque antes tenemos que pasar por Górgoles de Arriba y Górgoles de Abajo. Es un viaje rápido, de contrastes. Por un lado, las chimeneas de la Central echando humo y, por otro, ese monumento de la Naturaleza que son las Tetas de Viana, que tanta literatura han suscitado.

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En Trillo hacemos una pequeña parada, buscamos alguna instantánea con el agua como protagonista y nos empezamos a preparar para la primera dificultad del día. Tenemos que llegar a Viana de Mondejar y para ello hay que dar pedales durante 14 kilómetros, más del mitad son hacia arriba. Son exigentes y casi no nos permiten deleitarnos con las Tetas que vamos dejando a nuestra derecha y que nos ofrecen otra perspectiva quizá menos espectacular. Menos mal que tras una ascensión siempre hay una bajada. Nada más terminar de bajar llegamos a un cruce y tomamos la carretera de la derecha (nuevamente falta la señalización) y, ya por la parte de atrás de las Tetas de Viana, llegamos a Viana de Mondejar y a La Puerta

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Estamos pedaleando por la CM 2053, a la salida de la Puerta nuestro cuentakilómetros señala los 100. Tras recorrer 20 kilómetros llegaremos a Durón. Los primeros kilómetros son llanos, aunque poco a poco la carretera empieza a empinarse, lo hace poco a poco, casi sin darnos cuenta, hasta que observamos la cola del Embalse de Entrepeñas. Dejamos a nuestra izquierda a Chillarón del Rey. Nada más pasar esta localidad llegamos a la N 204 y aunque hacia la izquierda señala Sacedón, nos dirigimos hacia la derecha. Cruzamos un largo puente sobre el Embalse y volvemos a encontrarnos toboganes hasta llegar a Durón. La ciudad nos depara una divertida sorpresa. Entramos en busca de algún refresco y de comida y nos encontramos con un concurso de estatuas vivientes. Justo, llegamos cuando se está repartiendo paella entre todos los asistentes y, claro, algo nos toca. El bocadillo de pronto se ha convertido en paella.

 

A pesar del buen ambiente que reina y de la elevada temperatura, tenemos que seguir con el recorrido. Lo que no sabíamos es que por delante y hasta llegar a Budia nos esperaban 4 kilómetros durillos. El trazado, el calor y los granos de arroz, los hicieron más complicados. Por fin, llegamos a Budia, un bonito pueblo, donde nos tomamos un café con hielo que sirvió para bajar algunos grados la temperatura.

 

Pareja es el siguiente destino. Para llegar a esta población deshacemos el camino que habíamos hecho y buscamos la N204 con dirección a Sacedón. Pasado el pantano, justo en el cruce de carreteras, al lado derecho, hay una placa que recuerda que bajo un espino pasó la noche C.J. Cela.

La carretera sigue con pequeñas subidas y bajadas y así llegamos a Pareja, un bonito pueblo situado en lo alto y que dispone de un cuidado carril bici.

 

Con alguna que otra dificultad por la falta de señalización, encontramos la estrecha y empinada carretera que nos lleva hasta Casasana. Sin duda el momento más difícil y duro del recorrido. Sólo hay 4 kilómetros de distancia, pero se hacen eternos. Son duros, si se suben en bici, bastante más que en burro, como hizo Cela. Por cierto, en Casasana, mientras nos refrescábamos en una fuente, algún lugareño nos dejó bien claro la antipatía que sentía por el Premio Nobel de Literatura.

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Dejamos Pareja, pero aún nos faltan un par de kilómetros para finalizar la ascensión, bastante más cómodos que los anteriores. Tras un largo descenso por una carretera estrecha llegamos a la localidad de Córcoles, para rápidamente llegar a la carretera nacional que nos conduce a Sacedón. En los 18 kilómetros que separan Pareja de Sacedón hemos comprobado el contraste de circular por carretera de montaña, prácticamente sin circulación, a entrar en la Nacional donde ya hay mucho tráfico de coches.

 

En Sacedón, después de recorrer 155 kilómetros y estar encima de la bicicleta casi ocho horas y media, decidimos hacer noche. Barajamos la posibilidad de quedarnos en el camping que está a la entrada de la población, pero finalmente decidimos hospedarnos en el Hostal Mariblanca. Después de la reparadora ducha y de una buena cena, nos vamos la cama ya pensando en el siguiente día, con menos kilómetros, pero también con la duda de saber qué sorpresas nos espera.

 

A las ocho de la mañana, después de meternos un café con churros, iniciamos la segunda jornada de nuestro viaje. Nuestra salida de Sacedón no la hacemos por la nueva carretera, sino por la vieja. En lugar de túneles tenemos, como aperitivo, una ascensión de unos dos kilómetros. Es más duro, pero sin duda que merece la pena por el bonito paisaje que se divisa. Después de una corta bajada volvemos encontrarnos con otro túnel, pero no lo cogemos, tomamos la antigua carretera que va hacia la derecha y que nos ofrece bonitas instantáneas del embalse, con un puente romano incluido

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A partir de este momento nos salimos del guión del Viaje a la Alcarría de Cela. En lugar de dirigirnos hasta Auñón, nos encaminamos hacia Sayatón, localidad situada a 24 kilómetros, y a la que llegamos por una carretera (CM 2009) en perfecto estado, con continuos toboganes, que transcurre paralela al río Tajo y rodeada de cuidadas fincas a un lado y otro.

 

Nada más superar Sayatón, que dejamos al lado derecho, la carretera gira hacia la derecha e, inmediatamente, divisamos la Central Nuclear de Zorita. Llegamos a un cruce que marca Pastrana a la derecha y Zorita de los Canes a la izquierda, el último de los pueblos que visitó C.J. Cela. A penas nos separan 4 kilómetros de esta pequeña población que merece una visita, entre otras cosas, por el parque arqueológico de Recópolis que se encuentra dos kilómetros de la localidad, aunque haya que superar rampas del 17 por ciento para llegar a ella.

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Tras una rápida visita a las excavaciones arqueológicas, nuestro siguiente objetivo es Pastrana, fin del trayecto. Nos quedan 12 kilómetros. Los 9 primeros de suave ascensión, y los tres últimos bastante más exigentes. Pastrana es una ciudad que merece especial atención por sus magníficas construcciones y , para los que vamos en bicicleta, es una delicia pedalear con sus estrechas calles medievales.

 

Aquí, en Pastrana, acaba nuestro programado viaje. Claro que nos queda la vuelta a Guadalajara, y, a falta de medios de transporte, decidimos hacer el regreso también en bicicleta.

 

Nuestra salida de Pastrana lo hacemos callejeando y subiendo alguna rampa que nos obliga a poner el plato pequeño. Luego, tenemos unos dos kilómetros más de ascensión por la CM 2006 con destino a Hueva, otra localidad por la que transcurre el Viaje a la Alcarria, y que se encuentra justo al final de la bajada. Tras dos o tres kilómetros de llano empezamos de nuevo ascender durante unos tres kilómetros que no se hacen especialmente duros. Volvemos a bajar, de nuevo nos encontramos con llano y otra subida, la penúltima de nuestro viaje. La bajada nos dejará en la cercanía de Armuña de Tajo, cogemos la N320, por cierto con bastante tráfico, por lo que es preferible, el tomar a la altura de las antenas que están situadas a la izquierda, la vieja carretera que nos conducirá hasta Horche. Nosotros, sin embargo, cogimos la nueva carretera que evita el paso por el pueblo. Aunque la pendiente es menor, es más larga la ascensión, y después de tantos kilómetros las piernas empiezan a fallar. Luego nos encontramos con unos cinco kilómetros de llano hasta la Urbanización Valdeluz donde comienza un rápido descenso, con bastante circulación, hasta llegar a Guadalajara.

 

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