En esto que empiezo a correr entre huevos duros de avestruz, y pensé:
- Creo que voy a terminar con los pies esparramaos como las tortitas del desayuno.

Y en esto que, felizmente, encuentro a Felipe "Trepariscos" . Y como un vagón se engancha a su máquina como las del AVE, en perfecta simbiosis aerodinámica y tractora, fuimos, y fuimos, y subimos, bajamos...

Yo no tenía que hacer casi nada. Fue como una lección de Fitness en el T.V. Sólo repetir.

Claro, hasta que el profesor perdió la paciencia con el alumno y en una tormentosa e intrincada bajada, se perdió como Alfonsina en el mar.

Encuentro otra máquina, el Mudo. Ésta no era como la que había encontrado al principio. Más bien era como esas que aparecían en la pelicua de Baxter Keaton, creo que se titulaba El Maquinista de la General... Perdía muchísima grasa. Pero tiraba. Entrañable.

Y por último, enganché al tren de Cercanías de Madrid-Alcala de Henares. Que iba cumpliendo el horario de la tablilla.

En este momento, decidí convertirme en mi propia máquina y formar mi propio tren. Y como me veía que me impedía entrar en la estación, abrí mi caldera. Eché toda la leña que puede y ... pitando entré a todo vapor en la estación.